Hola….

No soy tu cara, ni tu cuerpo.
No soy lo que logras ni lo que publicas.
Soy lo que eres de verdad.

Y te estoy hablando porque te extraño.

Últimamente estás en todo…
menos en ti, en mi… en las dos.
Corriendo, cumpliendo, resolviendo, ayudando, logrando…
pero yo sigo aquí adentro… esperando.

Y sí, me falta algo.
Me está faltando lo espiritual.
Me está faltando Hashem.
Me está faltando esa cercanía que antes teníamos…
Esa conexión tan clara.
Esa paz que no venía de hacer, sino de ser.

A veces quiero gritarte:
¡Acuérdate!
¡Esto no es lo que es!
¡Esto es el exilio!
Si supieras lo que era antes… si supieras lo que sentíamos cuando vivíamos cerca de Él…!

Qué llena estaba…
Qué completa me sentía…

Y sí, hoy me duele.
Me duele Su ausencia.
Me duele haberlo perdido.
Me duele que tú también lo hayas olvidado…

Y tal vez por eso hoy, justo hoy — en Tishá B’Av — te estoy hablando más fuerte que nunca…
Porque no solo lloramos lo que pasó hace siglos… lloramos lo que sigue pasando cada día. Cuando te olvidas de mi…
Cuando te olvidas de Él.
Y cuando todo eso empieza a parecerte normal…

Pero no te hablo para que te deprimas.
Te hablo para que volvamos…
Juntas…

Porque somos equipo…
Porque tú y yo venimos a vivir esta vida con sentido… con una misión.
Y lo único que a mí me llena…
es lo espiritual.

No quiero que vivas desconectada.
No quiero que sigas fingiendo que estás bien cuando por dentro estás vacía.

Quiero que me abraces.
Quiero que me escuches.
Quiero que me ames.

No me olvides.
No me desatiendas.

Porque yo soy la parte más esencial de ti.
Soy tu verdad.
Soy lo que te hace ser tú.
Soy lo que te da vida.

Y aquí estoy.
Sigo viva.
Sigo esperando.

Con amor eterno,
Tu alma