Esta es otra de las causas que nos llevan a el robo y la deshonestidad. 

La persona simple quiere vivir como la persona rica, y la persona rica solo está satisfecha si puede vivir como los muy ricos, logrando ser distinguido y merecedor de honor a los ojos de sus amigos.

La persona sigue sus deseos, acostumbrándose a este estándar superior hasta que, con el paso del tiempo, se siente obligado a vivir de esta manera. 

Luego, al pasar un par de años se da cuenta que no puede ganar lo suficiente para satisfacer lo que, para él ya se ha convertido en necesidad. En ese momento el Yetzer Hara lo convence de robar, hacer trampa y ser “un malvado [que] toma prestado y no paga”. (Tehilim 37:21). 

De esta manera, él puede vivir lujosamente y no sentirse avergonzado frente a sus compañeros.

Y así, de ser alguien que una vez fue básicamente honesto, la persona se convierte en un ladrón y un tramposo.