El Baal Shem Tov nos trae esta parábola para entender, como todo se regresa en esta vida y realmente nuestras acciones son para nosotros mismos.

Había una vez una señora muy pobre, que se dedicaba a pedir limosna en la ciudad en donde vivía. Ella tenía la costumbre que al recibir algunas monedas, ella respondía: “Todo lo que hace el hombre no lo hace por los demás, sino por el mismo”. La gente de la ciudad se acostumbró a su inusual respuesta.

En una ocasión, decidió acercarse al palacio real y pedir ahí tzedaka. Conmovió a la reina y le dio una generosa cantidad, y ella como siempre le respondió: “Todo lo que el hombre hace no lo hace por los demás, sino por si mismo”.

Esta mujer se convirtió en una visita habitual en el palacio, y la reina siempre le daba una suma buena, y ella siempre respondía con las mismas palabras. Después de unos meses, la reina se molestó: “¡Qué falta de gratitud de esta mujer! Después de todo lo que le he dado, ¿no puede mostrar agradecimiento? ¡Y sigue con esas palabras, que realmente son una tontería y están llenas de falsedad! No lo toleraré más”.

Sabiendo que recibiría ese día como siempre la visita de la mujer, la reina preparó un pan mezclado con veneno. La pobre mujer estaba emocionadísima de recibir ese delicioso pan, además de la tzedaka que siempre le daba la reina.

Se llevó el pan a su casa, pero antes de comérselo, lo dejó en su mesa un rato, mientras disfrutaba su delicioso olor.

¿Quieren saber como terminó la historia?

No se pierdan mañana la segunda parte de esta parábola de suspenso…