¡Gigante en Torá y buenas cualidades! Que sus méritos nos protejan.
Aún los gentiles admiraban a Rab Yehuda, su forma transparente de ser era increíble y perceptible por todos.
En una ocasión, estaba viajando en el tren en segunda clase, y el ruido no le permitía estudiar y concentrase. A la mitad del camino, decidió pasarse a primera clase, y pensó “Cuando el joven venga a pedir mi boleto, le pago la diferencia”.
Para su sorpresa el joven nunca pasó, pero Rab Yehuda iba a pagar porque iba a pagar. Al bajarse del tren contactó a las personas encargadas y les explicó lo sucedido pero ellos le dijeron que no pasaba nada y que no se preocupara. El, intranquilo no se iba a quedar así, buscó al supervisor, fue a la estación principal, les explicó y pagó la tarifa. El supervisor le dijo que “era uno en un millón”.