La señora pobre, veía y olía ese delicioso pan que la reina le cocinó.

Mientras esto pasaba, el príncipe estaba en una expedición de caza en el bosque, cerca de la choza de la pobre mujer. Hambriento, sediento y agotado después de un día soleado de cacería, el príncipe tocó la puerta de la choza de la mujer pidiendo algo de comer.

La señora, lo reconoció de inmediato, le ofreció sentarse y muy amablemente le compartió una generosa rebanada del pan que su propia madre, la reina, preparó. Unos minutos más tarde, el príncipe cayó muerto.

Inmediatamente, la mujer corrió al palacio a darle a la reina la trágica noticia y le explicó como esto sucedió. Al escuchar esto, la reina se desmayó. Al recobrarse del desmayo la reina le dijo con lágrimas en los ojos a la señora: “Entiendo tu expresión: “Todo lo que el hombre hace no lo hace para los demás, sino para el mismo”.

Esta parábola terminó en tragedia, porque lo que la reina dio fue “mal”, pero así como eso se regresó, también el bien se regresa.

La vida es un boomerang, lo que damos nos dan. Busquemos siempre dar y hacer el bien.