Aquellos cercanos al Jazon Ish dieron testimonio de que su escaso sustento nunca fue motivo de preocupación. Subsistió en los ingresos de la venta de sus libros y rechazó firmemente los muchos regalos que le ofrecieron aquellos a quienes ayudó.
Incluso desanimaba a quienes querían comprar sus libros si sentía que no los iban a usar.
“Quiero compradores que sean Bnei Torah, no benefactores que busquen formas indirectas de apoyarme. Esta es la manera correcta”.