Rab Yosef Jaim Sonnenfeld, contó la siguiente historia que escuchó de su Rab, Rab Yehoshua Leib Diskin:
Cuando Rab Yehoshua Leib era Rav en Kovno, Lituania, un residente allí tuvo un sueño aterrador. Su padre, que había muerto el año anterior, se le apareció y le dijo que había sido reencarnado en un toro negro que era propiedad de cierto gentil a cierta distancia de Kovno.
En el sueño, el padre le ordenó ir a comprar el toro y agregó que el dueño le pediría ochenta rublos por el animal, pero que se conformaría con cuarenta.
Después de comprar el animal, el hijo debía regresarlo a Kovno y hacer que lo sacrificaran con un shojet temeroso de Hashem, en presencia del Rab Yehoshua Leib, quien respondería “Amén” a la bendición del shojet.
El Rab debía comer algo de la carne y el resto se distribuiría entre otros judíos, solo entonces el alma del padre encontraría la paz eterna.
Aunque este sueño se repitió en tres noches consecutivas, el hombre no le prestó atención.
Algún tiempo después, el hombre estaba rezando en la sinagoga cuando de pronto se desmayó. Después de despertarse, explicó que había visto una visión de su padre que nuevamente le había ordenado que comprara el toro y lo matara.
La gente de la sinagoga lo acompañó a la casa de Rab Yehoshua Leib a quien le contó todo lo sucedido. El hombre era pobre, por lo que Rab Yehoshua Leib le preguntó a la gente si iban a proporcionar dinero para la compra del animal, y la gente aceptó fácilmente.
Rab Yehoshua Leib le ordenó al hombre que comprara el toro, con la condición de que su descripción, precio, ubicación y dueño concuerden exactamente con el sueño.
El hombre tomó el dinero, fue a la ciudad específica y encontró al gentil. El gentil dijo que tenía un toro que se ajustaba a la descripción pero que era extremadamente salvaje y peligroso y que acercarse a él era poner en peligro la vida de uno.
“Si quiere el toro, le costará ochenta rublos.”
El judío ofreció cuarenta rublos y el gentil rápidamente los aceptó.
El gentil aconsejó al hombre contratar a varios hombres para transportar al animal peligroso, pero el hombre declinó la oferta. Con gran asombro del gentil y sus amigos, el judío deslizó una soga sobre los cuernos del toro y se llevó al animal ahora “mansito” (¡¡Estaba con su hijo!!)
El toro fue llevado a Kovno, en donde fue sacrificado por un shojet temeroso de Hashem en presencia de Rab Yehoshua Leib.
Una porción de su carne se le dió al Rab mientras que el resto se distribuyó entre los estudiantes de Torá en la Ciudad.
Una de tantas miles historias reales que nos demuestran como si existe la reencarnación…