Está escrito: “Y volví y contemplé todos los actos de engaño que se cometen bajo el sol: ¡He aquí! Lágrimas de los que son engañados, sin nadie para consolarlos, y de la mano de aquellos que los engañan, el poder [se toma] sin nadie que los consuele” (Kohelet 4: 1).

Imagínense la siguiente escena:

Un señor pobre pide prestado mil dólares, con la esperanza de usarlos para negocios, y así tratar de obtener algún beneficio y mantener a su familia. En el camino al supermercado, es agarrado por unos asaltantes. El pobre pide misericordia, pero su súplica no es escuchada, y es cruelmente golpeado sin piedad dejándolo sin un centavo. El pobre llora de angustia, pero no hay nadie que lo consuele, y finalmente cae al suelo desmayado.

En ese momento pasan unas personas cerca y lo encuentran. Después de mucho esfuerzo logran revivirlo. Al escuchar su trágico cuento, se preguntan entre ellos:

“¿Qué hizo este pobre hombre para merecer tanto dolor y angustia?” “¿Cómo se las arreglará?”
“¡Que mala suerte!”

Así es como los hombres de carne y hueso, podrían ver la situación. 

Sin embargo, nosotros debemos saber que los caminos de Hashem son perfectos y que cualquier sufrimiento que una persona tenga es decretado por el Cielo de manera exacta y precisa para el. 

Es muy probable, que el señor pobre de nuestra historia, anteriormente en esta vida o en un gilgul anterior (transmigración), había sido culpable de los mismos pecados. Quizás el también, había atacado a alguien y lo había robado; él, también, había dejado a una alma desconsolada, aturdida y sin un centavo. Y ahora, el Cielo lo ha castigado “en la misma medida”.

Esta es la intención del versículo antes mencionado: 
“¡He aquí! Lágrimas de los que son engañados sin nadie para consolarlos …” Kohelet
(Es decir Shlomo Hamelej vio a las víctimas de robo llorando de dolor sin que nadie las consolara y también vio por Ruaj HaKodesh (Inspiración Divina) que, al final, quienes robaron sufrirían el mismo destino: “y de la mano de quienes las engañan”, el poder [se toma], sin ningún consuelo”. 

Hashem le mostró a Shlomo Hamelej que el pecado de Gezel (robo), y todo el dolor que eso se crea, nunca es ignorado ni olvidado en El Cielo. 

Puede tomar años o incluso vidas, pero finalmente ganará la justicia.