En el segundo nivel de falsedad están los que dicen la información de manera incorrecta, no realmente con la intención de cambiar la verdad, sino simplemente porque no se molestan en escuchar con atención y entender bien los hechos sobre lo que están hablando.
Obviamente, estas personas no ven el pecado de hablar mentiras con mucha seriedad, y esto es precisamente lo que hace que no les molesten “medias verdades” o alguna mentirita pequeña por ahí…
Como que “¿para qué esforzase? Si hablar es fácil… total… ¿qué tanto es tantito?”
Pero el pensar a la ligera lo que sale de nuestra boca nos lleva a pecados muy grandes.