Pensándolo muy bien, no deberíamos estar corriendo en la vida buscando siempre la riqueza.
Entenderemos mejor el punto del porque con esta parábola:
Hubo una vez un hombre rico que vivió una vida de lujos y pasiones.
En cada comida, se llenaba de delicias, mientras los músicos lo entretenían a él y a sus invitados.
Su riqueza lo hizo volverse muy arrogante, al punto en el que, finalmente, se rebeló contra el rey.
El hombre fue llevado a juicio y le dieron una sentencia muy extraña: durante un año, el gobierno le serviría los mismos manjares y le proporcionaría la misma música a la que estaba acostumbrado, todo esto, pero… ¡estando parado en el borde de un tejado!
¿Creen que este señor pudo tener algún placer de la buena comida, la bebida y la música, sabiendo que en cualquier segundo podría perder el equilibrio y caer en la muerte?
Cien por ciento hubiera preferido tener los dos pies en el piso y que el sirvieran solamente pan y agua.
Esto es lo que es ser rico en nuestros tiempos.
Por desgracia, la agitación del período en el que vivimos puede provocar cambios drásticos en nuestro estado financiero, haciendo que los ricos de repente se reduzcan a la pobreza.
El dolor que experimenta un hombre que alguna vez fue rico y quedó en la pobreza es mayor que la alegría que sintió en los buenos tiempos.
Quien reflexione sobre este pensamiento no estará ansioso por obtener riqueza, ni siquiera por medios legales. Ciertamente, él no volverá a las trampas y robos para aumentar sus ingresos, ya que tales prácticas seguramente lo llevarán a la angustia.
Por el contrario, Hashem seguramente proporcionará para aquellos que caminan sinceramente en Sus Caminos.