Lo opuesto a mirma (engaño), es temimut (sinceridad e inocencia).
El Mashguiaj de la yeshiva de Lomzer, Rab Elya Dushnitzer, ejemplificó en su vida lo que es el vivir con temimut.
El hijo de Rab Elya, recibió de dote un huerto de naranjas. Lo que realmente en lugar de ser un favor, era un dolor de cabeza, ya que no era productivo. Rab Elya se apropió de el para quitarle de esta forma ese peso a su hijo de encima. Pero se fue dando cuenta de que efectivamente los gastos consumían los ingresos, llegando a tal punto en el cual Rab Elya quedó endeudado y cada vez se endeudaba más y más.
Por supuesto que lo puso a la venta, pero nadie lo compraba…pasaban los meses y nada. Esto lo más probable se debió a la inusual honestidad de Rab Elya, quien señalaba cada falla y problemas del huerto a cada posible cliente que se acercaba.
En una ocasión, un empresario estadounidense estaba súper interesado en comprar el huerto, y a pesar de escuchar todas sus fallas y defectos el estaba encaprichado en comprarlo… Mientras caminaban por el huerto, ya casi con la venta hecha y firmada, el empresario sacó un pastillero de su bolsillo y tomó dos medicinas. Rab Elya le preguntó preocupado el motivo de tener que tomar medicinas, y el le respondió que tenía una pequeña afección cardíaca pero que con esas medicinas se le controlaba.
Al saber esto Rab Elya dijo “¡Si es así, de ninguna manera te venderé el huerto! Ya que quizás sea una fuente de preocupaciones y presiones y D-ios no lo quiera esto podría afectar tu salud”. Y a pesar de que el estadounidense siguió insistiendo y por fin Rab Elya podía deshacerse se su huerto, el no se lo vendió.
Después de un tiempo, Rab Elya conoció a su alumno, Rab Shalom Shwardon, y le pidió que fuera a cierta escuela en Yerushalaim y le recordara a la jefa, que los niños rezaran tehilim después del horario de estudios, para tener por fin el mérito de vender el huerto.
“¿Pero, Rab, cómo sabe que los niños no han rezado desde que lo pidió? Preguntó Rab Shalom.
“Ah, es obvio, hice esta petición hace tiempo. Si los niños hubieran rezado tehilim, seguramente el huerto ya se habría vendido”, respondió Rab Elya.
Y así mismo fue, cuando Rab Shalom fue a la escuela y recordó la petición de Rab Elya, la jefa estaba apenada por haberse olvidado de su petición. Los niños leyeron ese día tehilim y el huerto se vendió unos días después.