Imaginemos un barril lleno del mejor vino, pero este barril está sucio con sedimentos. Mientras el sedimento siga en el barril, el vino estará sucio y aun siendo el mejor vino, será imposible de tomar. Este no sería un vino para dárselo ni a una persona humilde, y con mucho menos razón a un rey.
Lo mismo pasa con el robo, este se “mezcla” con cada palabra de nuestras tefilot, impidiéndole subir y ser aceptada por Hashem, y esto sucederá hasta que la persona devuelva lo que ha robado.