En una ocasión, fue a ver a un señor que ayuda generosamente a causas de beneficencia. Al entrar vio que estaba con otros señores jugando cartas y apostando. Todos se pusieron de acuerdo en que las ganancias sean entregadas a Rab Wasserman para su Yeshiva.

“No necesito ese dinero”, les dijo Rab Wasserman.

El quiere dinero que lo llene de beraja, ese dinero es el que llega de manera transparente y honesta.