Hay que estudiar…

Para poder llevar un negocio conforme a lo que dicta Hashem, Nuestro Padre, quien marca lo permitido y lo prohibido, debemos darle la importancia requerida y buscar estudiar las leyes pertinentes a este tema.

Que triste…

¿Conocen a personas que se llevan las cobijas de los aviones? Y se justifican “Ya con lo que pague de mi boleto, seguro viene incluida”. ¿Conocen personas que les dicen a sus hijos que se metan en las ferias sin pagar? “Ya, uno más no le va a quitar nada al dueño de la feria”. ¿Alguna vez te ha tocado escuchar “Tiene 3 años no paga”, cuando en realidad tiene 4? ¡Que horror! Y en frente de sus hijos, quienes todo absorben y todo aprenden. ¿Qué se les está transmitiendo en esos momentos? La falta de importancia e interés en caer en pecados tan graves como lo son el robo y la mentira, quienes como hemos visto combinados son la definición de mirma (engaño).

Seguimos con Rav Yehuda Zev Zegal…

¡Gigante en Torá y buenas cualidades! Que sus méritos nos protejan. Aún los gentiles admiraban a Rab Yehuda, su forma transparente de ser era increíble y perceptible por todos. En una ocasión, estaba viajando en el tren en segunda clase, y el ruido no le permitía estudiar y concentrase. A la mitad del camino, decidió pasarse a primera clase, y pensó “Cuando el joven venga a pedir mi boleto, le pago la diferencia”. Para su sorpresa el joven nunca pasó, pero Rab Yehuda iba a pagar porque iba a pagar. Al bajarse del tren contactó a las personas encargadas y les explicó lo sucedido pero ellos le dijeron que no pasaba nada y que no se preocupara. El, intranquilo no se iba a quedar así, buscó al supervisor, fue a la estación principal, les explicó y pagó la tarifa. El supervisor le dijo que “era uno en un millón”.

Rab Yehuda Zev Zegal…

En uno de sus discursos el Manchester Rosh Yeshiva, obligó a sus alumnos a apegarse fielmente a las leyes de la Tora, que hablan de la honestidad en palabra y en negocios: “Es la halaja la que determina que es guezel (robo) y que no… Si la halaja determina que uno pague y el no lo hace entonces el es un ladrón; si la halaja está a su favor, entonces el es inocente. Está claro que sin un conocimiento profundo de las leyes del Shuljan Aruj que hablan sobre temas monetarios, es imposible llevar un negocio tal cual nos lo pide la Tora. Un Shojet (persona encargada de hacerle shejita a las vacas, gallinas etc…) no puede practicar, sin tener estudios y exámenes que verifiquen que es un experto y que conoce bien las leyes pertinentes. Sería muy bueno que se requiriera esta verificación de estudios con efecto al tema monetario antes de permitir que alguien ingrese al tema de los negocios…”

Jewish business…

Los negocios de un judío deben llevarse a cabo de buena fe, de modo que sus manos permanezcan limpias de ganancias deshonestas. Entonces, él tendrá el mérito de subir a la montaña de Hashem, como está escrito, “¿Quién puede subir al monte de Hashem y quién puede estar en el lugar de Su santidad? Uno con manos limpias y un corazón puro…” (Tehillim: 24: 3-4). De este verso vemos que aquel cuyas manos están manchadas por ganancias deshonestas está lejos de “la montaña de Hashem y el lugar de Su santidad”.

“No robarás”

Uno de los Diez Mandamientos, la Tora nos ordena no robar. Pero aun si la Tora no nos lo hubiera pedido, es de las cosas que un ser humano con sentimientos y pensante hubiera el solito visto como “esto está mal”. El no robar es parte de las siete mitzvot básicas que se le dieron a toda la humanidad, conocidas como las siete mitzvot Noajitas.

Cuando no se considera un pecado…

El problema principal es no verlo como gravedad, es más ni siquiera verlo como algo malo. ¿Cómo nos vamos a alejar de algo si no lo vemos como un pecado? ¿De dónde vamos a sacar la fuerza necesaria para cambiar nuestras malas costumbres? El primer paso es saber, entender, aceptar y meter en nuestro corazón la verdad: Guezel (robo) y sheker (mentira), son pecados muy graves en la Tora. Y la mirma (el engaño) es la combinación de ambos. Así que aquella persona que desea purificarse de estos pecados y que Hashem haga “un buen borrón y cuenta nueva”, deberá identificarlos como pecarlos y verlos con la severidad con los que se les debe enfocar. Y de esta forma le será muchísimo más fácil alejarse de ellos.

Muchos factores de por medio…

Hay muchos factores que llevan a la persona a vivir en la mirma (el engaño), hasta el punto de vivir de esa forma, engañando con frecuencia sin siquiera sentir un poco de sentimiento de culpa al hacerlo. En los próximos mensajes tocaremos los factores principales, para estar atentos y buscar alejarnos de ellos.

La llave para una buena vida…

En esta ocasión solo quiero dejar algo claro, es muy corto y conciso pero lleno de valor e importancia: LA SINCERIDAD ES LA LLAVE PARA UNA BUENA VIDA EN ESTE MUNDO Y EN EL MUNDO POR VENIR.

Temimut…

Lo opuesto a mirma (engaño), es temimut (sinceridad e inocencia). El Mashguiaj de la yeshiva de Lomzer, Rab Elya Dushnitzer, ejemplificó en su vida lo que es el vivir con temimut. El hijo de Rab Elya, recibió de dote un huerto de naranjas. Lo que realmente en lugar de ser un favor, era un dolor de cabeza, ya que no era productivo. Rab Elya se apropió de el para quitarle de esta forma ese peso a su hijo de encima. Pero se fue dando cuenta de que efectivamente los gastos consumían los ingresos, llegando a tal punto en el cual Rab Elya quedó endeudado y cada vez se endeudaba más y más. Por supuesto que lo puso a la venta, pero nadie lo compraba…pasaban los meses y nada. Esto lo más probable se debió a la inusual honestidad de Rab Elya, quien señalaba cada falla y problemas del huerto a cada posible cliente que se acercaba. En una ocasión, un empresario estadounidense estaba súper interesado en comprar el huerto, y a pesar de escuchar todas sus fallas y defectos el estaba encaprichado en comprarlo… Mientras caminaban por el huerto, ya casi con la venta hecha y firmada, el empresario sacó un pastillero de su bolsillo y tomó dos medicinas. Rab Elya le preguntó preocupado el motivo de tener que tomar medicinas, y el le respondió que tenía una pequeña afección cardíaca pero que con esas medicinas se le controlaba. Al saber esto Rab Elya dijo “¡Si es así, de ninguna manera te venderé el huerto! Ya que quizás sea una fuente de preocupaciones y presiones y D-ios no lo quiera esto podría afectar tu salud”. Y a pesar de que el estadounidense siguió insistiendo y por fin Rab Elya podía deshacerse se su huerto, el no se lo vendió. Después de un tiempo, Rab Elya conoció a su alumno, Rab Shalom Shwardon, y le pidió que fuera a cierta escuela en Yerushalaim y le recordara a la jefa, que los niños rezaran tehilim después del horario de estudios, para tener por fin el mérito de vender el huerto. “¿Pero, Rab, cómo sabe que los niños no han rezado desde que lo pidió? Preguntó Rab Shalom. “Ah, es obvio, hice esta petición hace tiempo. Si los niños hubieran rezado tehilim, seguramente el huerto ya se habría vendido”, respondió Rab Elya. Y así mismo fue, cuando Rab Shalom fue a la escuela y recordó la petición de Rab Elya, la jefa estaba apenada por haberse olvidado de su petición. Los niños leyeron ese día tehilim y el huerto se vendió unos días después.