Así se cuidan los grandes

Cuando se imprimió el libro Jafetz Jaim, el Jafetz Jaim pasó semanas enteras en la imprenta de Varsovia para asegurarse de que no había errores en la impresión o encuadernación; estaba literalmente asustado de que alguien pudiera comprar una copia defectuosa y que esto constituiría gezel (robo). En 1906, cuando el Jafetz Jaim publicaba su Mishnah Berurah, le pidió a su hijo Rab Leib, que se había mudado a Varsovia, que supervisara la producción del libro.  Más tarde, alguien que compró un conjunto de Mishnah Berurah descubrió que una sección se imprimió incorrectamente. El hombre envió una carta de queja al Jafetz Jaim, quien inmediatamente envió una carta de angustia a su hijo: “¿Qué me has hecho, hijo mío? ¡Todos mis días me preocupaba de salvarme incluso de la más remota posibilidad de Gezel! ¡Nunca soñé que sería culpable de gezel total! ¡Y ahora, he caído en la trampa de este pecado!” Dio instrucciones a su hijo para que imprimiera una cantidad de copias adicionales sin errores de esta sección, por temor a que otras copias contuvieran el mismo error. Luego colocó un anuncio en el periódico judío: “Quien quiera que haya comprado una copia de la Mishnah Berurah que contenga una sección extraviada debe escribirme y le enviaré una copia corregida”.

Pervertido de la justicia

Nuestros Jajamim nos hablan muy fuertemente de los comerciantes que transgreden el pecado de usar básculas o medidas defectuosas (Vayikra 19:35). Él es, en palabras de los sabios, un pervertidor de la justicia, y se lo considera “odioso, repulsivo y abominable” (Rashi) El castigo final por este pecado es peor que el castigo por inmoralidad (Yevamot 21a).  Mientras que el pecado real de la inmoralidad es peor, es posible alcanzar el arrepentimiento completo por ello. Sin embargo, alguien que usa pesas y medidas falsas le roba al público y le resultará casi imposible devolver todo lo que ha robado.

Recuerden…

Está absolutamente prohibido exagerar o fabricar la calidad de un artículo, o afirmar que el artículo fue comprado al mayorista por un precio elevado cuando en realidad no fue así.  Obviamente, está prohibido disimular un artículo o colocarlo entre artículos de mejor calidad, para engañar al consumidor.

Uyyy… es tan común

La Torá dice: “No se equivoquen unos a otros” (Vayikra 25:14). Esto se refiere a lo que nuestros Sabios llaman sobre el fraude de precios.  Aunque el comprador paga el alto precio por su propia voluntad, el vendedor transgrede este pecado.  Lamentablemente, muchas personas ignoran por completo la prohibición de ona’ah; en su lugar, consideran que engañar a los consumidores u otro comportamiento fraudulento son “tácticas comerciales inteligentes”. Amigos… por si no lo sabían, estas “tácticas comerciales inteligentes” son un pecado, que aunque muy tristemente es muy común, no deja de ser lo que es, algo grave de lo cual nos tenemos que alejar.

Aprendamos claramente que es “el robo”…

Muchas veces las personas se involucran en actos de gezel (robo) por ignorancia de ciertas verdades básicas en esta área que nos las trae La Tora.  Hay quienes realmente creen que el pecado de gezel se comete solo cuando uno físicamente toma algo de la posesión de otra persona. Esto, por supuesto, es un gran error, ya que uno también roba al privar a alguien de un artículo de manera secreta.  Y gezel abarca mucho más: usar un depósito o garantía, o tomar prestado un artículo sin el permiso del propietario; retener una tarifa de alquiler o el salario de un trabajador; o prestar un artículo y aceptar más que su valor a cambio. (Aparte del pecado de gezel, estos dos últimos casos también implican las prohibiciones de retener el salario de un trabajador y cobrar intereses “ribit”, respectivamente.) En resumen: cuando una persona posee ilegalmente un centavo que es de otra persona, es culpable de gezel.

Alegría del alma…

A veces el ver por los sentimientos y las situaciones por las cuales están pasando nuestros hermanos Yehudim nos ayudan a “bajarle” a los lujos y excesos en nuestra vida. El Sr. Avraham Meyers fue partidario del Beth Medrash Govoha de Lakewood durante los años de su formación. El hijo del Sr. Meyers se comprometió en el mero apogeo de la Segunda Guerra Mundial. El Sr. Meyers le preguntó al Rosh Yeshivah, Rab Aharon Kotler, “¿Cómo puedo gastar dinero en una boda cuando se está derramando sangre judía en el otro lado del océano?” El Sr. Meyers dijo que si el Rosh Yeshivah permitía que la boda de su hijo tuviera lugar en el jardín de la yeshivá, donaría todo el dinero ahorrado para tzedaká. Después de que Rab Aharon dio su consentimiento, el Sr. Meyers consultó a una empresa de catering y se dio cuenta de cuánto costaría normalmente la boda. Luego le dio los $7,500 dlls de diferencia de Tzedaka. Y seguramente esa alegría del alma que sintió el y la familia no la hubieran tenido al gastarlo en lujos innecesarios.

Esto es digno de admirarse…

Llegó el día esperado, ¡el Bar Mitzva! La familia del niño era una familia muy adinerada, pero para la sorpresa de los invitados la fiesta era sumamente sencilla.  Había alrededor de sesenta invitados aparte de los compañeros del muchacho. Lo más hermoso y lo que realmente destacó de esta fiesta no fueron los centros de mesa ni los mejores manjares, sino que el niño completó las seis Mishnayot.  El padre lloró lágrimas de alegría.  Fue una hermosa tarde. Lo más importante fue la impresión eterna que esa noche seguramente tuvo en el niño, familia e invitados.

Historia real…

Hace algunos años, un estudiante de la Yeshiva de Nueva York proveniente de una familia rica, llegó a su bar mitzvah.  La celebración se celebró en el salón de banquetes de un sótano; se usaron artículos de plástico y papel. Fue la más simple de las cosas. Al final de la comida, el padre habló. La esencia de su mensaje era: “Yo realmente pude haber hecho una fiesta mucho más fina y elaborada, pero lo sentí innecesario. En lugar de eso, calculé la diferencia y le daré un cheque en esa cantidad a la Yeshiva de mi hijo”. Más tarde, cuando el Rab del niño felicitó al padre por lo que había hecho, el padre respondió: “Me sentí muy incómodo al dar ese discurso. Parecía como si yo mismo me estuviera felicitando en público. Pero por el bien de todos, sentí que tenía que decirlo”.

¡Es en verdad grave!

Gracias a los excesos del estilo de vida de hoy en día, las bodas, bar mitzvot y demás alegrías, se han vuelto excesivamente caros. Logrando el terrible efecto de causar novi@s, niños y padres avergonzados y tristes. ¿Cuál es la causa de todo esto? El gasto excesivo de ropa y otros artículos materiales que, para nuestra desgracia, se ha convertido en algo “normal” en nuestros días. La presión es espantosa, es tan grande que lleva a los padres a endeudarse quizás para toda su vida. Incluso han habido muchos casos de suicidios de padres que no pueden más con la tristeza y presión de no poder darles a sus hijos lo que “socialmente” necesitan darle.

Tarea…

Si soy una persona rica, no seré excesivamente ostentoso ni buscaré siempre tener todo lo mejor que pueda haber. Seré mas consciente en que al hacerlo, me daño a mi mismo y a los que me rodean.