Jilul Hashem…

La Tora, ó sea Hashem mismo (como lo vimos en el mensaje pasado) nos dice: “Y estas son las leyes que pondrás delante de ellos” (Shemot 21:1) Rashi comenta: “Ante ellos (se refiere a los tribunales judíos que gobernarán de acuerdo a la ley de La Tora, la verdadera y única ley) y no ante cortes (gentiles)”. Presentar el caso ante un juicio secular en lugar de un bet din (juicio Judío ) es Jilul Hashem, (profanar El Nombre de Hashem), porque públicamente la persona está diciendo que el sistema de justicia secular es superior al sistema de justicia de La Tora.

Hashem mismo nos lo dice…

En esta parte quisiera enfatizar algo, antes de seguir adelante. La Tora, literalmente es Hashem hablándonos, tenemos que saberlo y sentirlo realmente para que en el momento que leamos algo de ahí, sepamos de donde viene y le demos la importancia y respeto debido.

Hay que huir como del fuego…

Si la persona es sincera con ella misma y es consciente de que, de acuerdo a La Tora, no tiene ningún reclamo contra su adversario, sino que podría extraer dinero de el en el tribunal secular, debería de HUIR de ese dinero como si estuviera huyendo de un incendio, ya que ese dinero se llevará incluso el dinero que ha ganado anteriormente.

La pésima moda…

Uno de los factores principales que hace que los Yehudim pierdan fácilmente sus fortunas, es justamente el robo y la deshonestidad. Tristemente es onda “moda”, el llegar a juicios (seculares) para acusar a los “supuestos” culpables y así sacarles dinero que la persona cree que seguro le pertenece. Y cuando el tribunal dice que tiene razón y que realmente le pertenece, la persona se queda tranquila pensado que es “dinero kasher” porque el juez dijo que así lo era. Y en verdad esto es literal robar ante Los Ojos de quien realmente nos juzga y nos marca que es verdad y que no, ya que la Tora, en la que Hashem expresa Su Voluntad, no respalda los juicios seculares.

Poder aterrador

El pecado del robo, tiene el gran poder de despertar el juicio en El Cielo en contra de la persona y no solo eso, sino que tiene el poder de sellar por ese pecado en especial, decretos que nunca quisiera tener. Como está escrito en El Talmud: Rabí Yojanan dijo: “Toma nota de cuan grande es el poder del robo, porque la generación del Diluvio transgredió todo, pero el decreto de su castigo no fue sellado sino hasta que llegaron al robo”. Como está escrito: “Porque la tierra está llena de robo por causa de ellos, y Estoy preparado para destruirlos de la tierra”. (Bereshit 6:13)

Final de la parábola…

La señora pobre, veía y olía ese delicioso pan que la reina le cocinó. Mientras esto pasaba, el príncipe estaba en una expedición de caza en el bosque, cerca de la choza de la pobre mujer. Hambriento, sediento y agotado después de un día soleado de cacería, el príncipe tocó la puerta de la choza de la mujer pidiendo algo de comer. La señora, lo reconoció de inmediato, le ofreció sentarse y muy amablemente le compartió una generosa rebanada del pan que su propia madre, la reina, preparó. Unos minutos más tarde, el príncipe cayó muerto. Inmediatamente, la mujer corrió al palacio a darle a la reina la trágica noticia y le explicó como esto sucedió. Al escuchar esto, la reina se desmayó. Al recobrarse del desmayo la reina le dijo con lágrimas en los ojos a la señora: “Entiendo tu expresión: “Todo lo que el hombre hace no lo hace para los demás, sino para el mismo”. Esta parábola terminó en tragedia, porque lo que la reina dio fue “mal”, pero así como eso se regresó, también el bien se regresa. La vida es un boomerang, lo que damos nos dan. Busquemos siempre dar y hacer el bien.

Parábola…

El Baal Shem Tov nos trae esta parábola para entender, como todo se regresa en esta vida y realmente nuestras acciones son para nosotros mismos. Había una vez una señora muy pobre, que se dedicaba a pedir limosna en la ciudad en donde vivía. Ella tenía la costumbre que al recibir algunas monedas, ella respondía: “Todo lo que hace el hombre no lo hace por los demás, sino por el mismo”. La gente de la ciudad se acostumbró a su inusual respuesta. En una ocasión, decidió acercarse al palacio real y pedir ahí tzedaka. Conmovió a la reina y le dio una generosa cantidad, y ella como siempre le respondió: “Todo lo que el hombre hace no lo hace por los demás, sino por si mismo”. Esta mujer se convirtió en una visita habitual en el palacio, y la reina siempre le daba una suma buena, y ella siempre respondía con las mismas palabras. Después de unos meses, la reina se molestó: “¡Qué falta de gratitud de esta mujer! Después de todo lo que le he dado, ¿no puede mostrar agradecimiento? ¡Y sigue con esas palabras, que realmente son una tontería y están llenas de falsedad! No lo toleraré más”. Sabiendo que recibiría ese día como siempre la visita de la mujer, la reina preparó un pan mezclado con veneno. La pobre mujer estaba emocionadísima de recibir ese delicioso pan, además de la tzedaka que siempre le daba la reina. Se llevó el pan a su casa, pero antes de comérselo, lo dejó en su mesa un rato, mientras disfrutaba su delicioso olor. ¿Quieren saber como terminó la historia? No se pierdan mañana la segunda parte de esta parábola de suspenso…

Al final lo pierde todo…

La persona que gana su dinero de forma deshonesta, al final perderá todo en este mundo, ya que Hashem mandará a alguien, que al final le quitará sus posesiones y este último también al final lo perderá todo. A Hashem no le faltan formas de lograrlo y esto lo hemos visto a lo largo de la historia. ¿Cuántas personas que nunca pensaron que algo pudiera destruir su fortuna, terminaron en la calle pidiendo limosnas? Está escrito: “Porque ahogaste a otros, te ahogaron; y, finalmente los que te ahogaron se ahogarán”. (Avot 2:7)

Remember…

La tzedaka es una fuente inmensa de berajot y misericordia de parte de Hashem, SOLAMENTE cuando se logra a través de ganancias honestas.

Una anécdota de Rab Wasserman…

En una ocasión, fue a ver a un señor que ayuda generosamente a causas de beneficencia. Al entrar vio que estaba con otros señores jugando cartas y apostando. Todos se pusieron de acuerdo en que las ganancias sean entregadas a Rab Wasserman para su Yeshiva. “No necesito ese dinero”, les dijo Rab Wasserman. El quiere dinero que lo llene de beraja, ese dinero es el que llega de manera transparente y honesta.